Era una noche que pendía, lúgubre y siniestra, entre el sueño y la vigilia. El viento se arrastraba entre los árboles desnudos como un alma en pena, gimiendo con un tono que no pertenece a este mundo. En mi estudio; aquel angosto recinto donde los relojes habían dejado de marcar el tiempo hacía mucho; El fuego moría lentamente, consumiendo los últimos carbones como un corazón que se apaga en silencio.
Vivía solo desde hacía tres años. O al menos eso creía.
La casa que habitaba era vieja, de madera ennegrecida, tan antigua que parecía recordar cada paso, cada respiración de sus muertos. Por las noches, cuando el viento cesaba, escuchaba algo más profundo que el crujir de la madera… algo semejante a un murmullo que subía desde el suelo, tenue, rítmico, como el arrullo de un ser olvidado.
Al principio lo ignoré, atribuyéndolo a las corrientes que cruzaban los cimientos. Pero aquella voz; porque era, sin duda, una voz; comenzó a pronunciar sílabas. No todas eran humanas. Algunas sonaban como el roce de huesos bajo tierra, otras como una plegaria ahogada.
Una madrugada, cuando la luna estaba en su punto más alto, decidió escucharla con atención.
Me arrodillé sobre las tablas del piso, justo donde el susurro era más intenso, y apoyé la oreja. Lo que escuché heló mi sangre:
Fenix ...no debiste sellarme aquí…
El corazón me dio un vuelo.
Sabía ese tono. Sabía esa voz.
Era Gaudy , mi amigo, muerto hacía tres años.
Corrí por una lámpara y la encendí con manos temblorosas. La habitación se llenó de sombras que danzaban como si se burlaran de mi incredulidad. Aparté los muebles, quité la alfombra y con una vieja barra de hierro comencé a levantar las tablas. Cada golpe desprendía un olor más denso, una mezcla de humedad y procesamiento.
Cuando por fin logré abrir un hueco suficiente, la lámpara iluminó algo que jamás debí haber visto: una forma humana, aún vestida como la noche de su desaparición. Pero lo imposible era su rostro...
Los ojos no estaban cerrados. Me miraban. Y los labios; hinchados, quebrados, ensangrentados; se movieron .
-No morí, Fenix... me oíste gritar bajo las tablas... y siguiste ignorandome...
Retrocedí, pero algo invisible me sujetó los tobillos. Sentí las uñas frías de Gaudy aferrarse a mí, tirando con una fuerza inhumana. La lámpara cayó, el aceite se derramó y las llamas se extendieron, lamiendo las paredes como lenguas demoníacas.
El humo me cegó. Tosi. Caí.
Y en medio del fuego, oí su último susurro, tan sombrío, tan terrible:
- Ahora, querido amigo... dormiremos juntos bajo el suelo y por fin reunidos.
Cuando los aldeanos hallaron la casa reducida a cenizas, juraron escuchar, entre el crepitar de la madera, dos voces que murmuraban, entre risas y sollozos, desde lo profundo de la tierra.
Apodo: Fenix
Servidor: LU4 Negro
Ubicación: Norte de Outlaw Forest